


Es una zona llena de encanto e incluso NINJAS que te abordan en cualquier momento para atacarte con su katana.



Tras caminar unos minutos llegamos a la zona del Castillo. Ya desde lejos lo ibamos viendo y era impresionante. Justo a la entrada sacando los tickets para poder pasar, leímos un letrero en inglés que informaba de la posibilidad de ir con un guía que te explicase toda la visita en inglés, de manera gratuita. Por lo visto, nos estuvo explicando que hay mucha gente que se ofrece voluntaria para realizar estos trabajos. Estos japoneses son la monda. No habíamos conocido a gente tan atenta y con ganas de hacer que los demás se sientan a gusto como aquí.
Además de irnos explicando, de vez en cuando nos pedía la cámara para hacernos una foto. Todo un cielo.
Las fotos hablan por si solas, el castillo era impresionante.





Estuvimos dentro y nos fue explicando como se había construido. Estaba pensado por y para la defensa. Los muros tan altos de los edificios de alrededor del castillo y los caminos en cuesta impedian a los asaltantes el poder ver la dirección real del castillo, de tal modo que se convertía en un laberinto de calles y edificios lleno de trampas.
Había incluso algunas calles que desembocaban en callejones sin salida rodeados de miradores para arqueros que tendían una emboscada.






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Vimos auténticas Katanas y armaduras de Samurais, lienzos pintados de la época e incluso pedimos un deseo en el pequeño templo que había en el 6º piso. Nos quedamos encantados con la visita. Sin nuestra guía, la visita no hubiese sido tan emocionante. Muchos besos desde aquí para ella.



Seguimos sacando fotos del castillo en el exterior y nos preparamos para ver los jardines.




Una vez terminamos la visita y nos despedimos de nuestra maravillosa guía, nos aventuramos a la visita de los jardines.
Los jardines están a unos 10 minutos andando del castillo. Si no fuese por los cerca de 45 grados a la sombra que hacía aquel día, hasta podríamos decir que disfrutamos con el paseo. Lo siguiente fue una preciosidad.
Había un montón de estanques con carpas de colores, jardines llenos de vegetación y muchas sombras… pudimos resguardarnos de tanto sol y tanto calor.






Echamos la mañana completa. Ya de vuelta pasamos por una calle llenita de restaurantes típicos y alguna que otra tienda, y nos metimos en un “antro” de lo más variopinto. Auténtica cocina japonesa al más puro estilo Chigre.


Por la tarde, con el estómago lleno, veíamos las cosas de otro color y nos aventuramos a Kobe. Cogimos el tren y fuimos hacia allá. Nos bajamos en Shin-Kobe y nos dimos una vueltecilla por allí hasta desembocar en un teleférico. Allí descubrimos que la partícula Shin, delante de un nombre de estación, no significa lo mismo que sin él. Por equivocación, nos bajamos en shin-kobe, cuando deberíamos haberlo hecho en Kobe.
Bueno, vuelta a casa, que mañana toca ver los templos de la zona de Kyoto y aún quedan un par de horas hasta el hotel.





Ya de vuelta, compramos en la recepción del hotel, un ticket para el autobús. Algo así como un abono transportes para un día. Mañana nos espera patear templos!
Un beso a todos y hasta la próxima actualización









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